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Dinero sin control: cambios informales en ciudades fronterizas escapan a la mirada del BCU

04/07/2017

En la intersección de las calles Treinta y Tres Orientales y Simón Bolívar, justo sobre la línea que separa a la ciudad de Rivera de la brasileña Santana do Livramento, un hombre armaba una pequeña carpa de feria. Antes que él, llegó otro grupo de personas, que se refugiaban del frío bajo la lona azul de paredes traslúcidas de otra carpa que ya estaba armada.
En el medio de cada carpa había una mesa, y sobre ella una caja de madera. Los dos puestos lucían más austeros que un tercero que vendía banderas ubicado justo al lado, pero el negocio parecía más redituable.

Es que esas cajas estaban llenas de dinero y en el correr de la mañana, mientras el puesto adornado por banderas de Uruguay y Brasil no recibió ni un solo cliente, los otros, cambios informales que ofrecen una relación de divisas más conveniente, atendieron a varios. Los clientes llegaron en camionetas, autos destartalados y de alta gama, con el objetivo de cambiar reales por pesos y pesos por reales.

 

En el transcurso de esa jornada, hasta una camioneta de la policía se detuvo frente a uno de los puestos para cambiar divisas.

Esa situación se repite todo los días en la ciudad de Rivera, donde los cambios informales prosperan a pesar de que la actividad está regulada por el Banco Central (BCU) y la multa por infringir la norma puede ir desde 20.800 unidades indexadas ($ 74 mil) hasta incluso superar 208 mil unidades indexadas ($ 748.800), en caso de reincidencia. Nada impide que desde hace décadas estos comercios operen a la vista de todos, frente a la Plaza Internacional, y en pleno centro comercial.

De hecho, el cambista contó a El Observadorque la elección de ese lugar ofrece, además del pasaje diario de miles de potenciales clientes, un resguardo al control de las autoridades reguladoras. Es que todos los puestos ubicados en aquel cantero están instalados del lado uruguayo, a apenas unos pocos centímetros de territorio brasileño, justamente porque, según dijo, en Uruguay los controles son más laxos y nadie los "corre".

 

Un operador de cambio formal de la ciudad de Rivera consultado por El Observador, y que pidió mantenerse en el anonimato, dijo estar acostumbrado a convivir con los puestos informales aunque sean "una competencia desleal" para su negocio. El comerciante no cree que sea posible ponerle fin a ese problema: "Es algo que nunca van a poder sacarlo", admitió.

Ante una consulta de El Observador, el Departamento de Comunicación del BCU informó que la última actuación sobre operadores informales en Rivera fue en 2009, y desde entonces no han recibido ninguna nueva denuncia.

El operador formal consultado dijo que hace seis años, cuando recibió por última vez a los inspectores del BCU, les habló de la situación de informalidad, pero en lugar de actuar de oficio, estos le recomendaron que hiciera una denuncia.

Sin embargo, según explicó, él decidió no presentarla porque "siempre hay filtraciones" y podría recibir "represalias de cualquier tipo". De todas formas, según explicó el BCU, para que la denuncia tenga efecto, es un requisito jurídico imprescindible que "exista una dirección fidedigna donde se notifique a la persona responsable". Justamente al hacer la tarea de manera informal, las carpas que realizan servicios de cambio en Rivera no cumplen ese requisito.

 

En el Chuy, en tanto, el gerente de un cambio formal dijo a El Observador que allí operan tres cambios informales que sí cuentan con una dirección fija, pero que prefiere no denunciarlos porque él mismo comenzó su experiencia en el negocio operando "un cambio en negro".

"Todos empezamos como cambistas a nivel no oficial, pero se oficializaron casi todos", dijo este ejecutivo, que tampoco quiso dar el nombre.

 

Leia mais em: https://goo.gl/WPabac

Fonte :http://www.elobservador.com.uy

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Jorge Flores Paines 
Jornalista DRT-15097

Radialista DRT-5765

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